|
OPORTUNIDAD: REFRESCOS SALUDABLES
|
El hábito ya existe (y es gigantesco)
En México, el refresco no es una “categoría de bebidas”; es una rutina cotidiana. Eso importa porque construir un negocio en bebidas normalmente es carísimo cuando tienes que educar al consumidor. Aquí no: el consumidor ya compra, ya repite y ya tiene antojo. Para dimensionar el tamaño del terreno donde se juega, en 2024 la industria de bebidas sin alcohol en México reportó una producción de alrededor de 35,567 millones de litros, y dentro de eso los refrescos carbonatados fueron aproximadamente 19,053 millones de litros. Es decir: el mercado no está esperando a que alguien lo invente; ya está funcionando a escala masiva. La jugada no es “convencer a México de tomar algo nuevo”, sino ofrecer algo que pueda competir por sustitución dentro del mismo hábito.
El contexto cambió: salud, presión pública y etiquetas
Aunque el consumo siga siendo alto, el entorno alrededor del refresco ya no es el mismo que hace diez años. Los indicadores de salud se volvieron imposibles de ignorar: ENSANUT reporta obesidad adulta ~37.1%, y una prevalencia de diabetes que ha venido subiendo hasta cifras cercanas a 18.3% - estos son los tipos de números que nos hacen decir: toma chango tu banana.
Aunque este tipo de datos no hacen que la gente abandone el refresco de golpe, sí empujan una idea que antes era minoritaria: “quiero algo rico, pero con menos consecuencias”. A esto se suma el marco regulatorio y de comunicación en México, donde el etiquetado frontal (NOM-051) está diseñado precisamente para señalar excesos y cambiar la decisión de compra en anaquel. En pocas palabras: no se trata de moralizar el consumo, sino de entender que hoy hay más sensibilidad y más fricción para productos que se perciben como “demasiado azucarados”.
|
La categoría “funcional” ya fue validada por los gigantes
Mientras México vive esa tensión entre hábito y salud, en Estados Unidos se consolidó un puente entre ambos mundos: las sodas “funcionales” (incluyendo las prebióticas) que mantienen la experiencia de refresco, pero se venden como una alternativa “mejor perfilada”. Lo relevante no es la moda, sino quién está apostando. PepsiCo anunció la compra de Poppi por alrededor de US$1.95 mil millones, y Coca-Cola lanzó Simply Pop como respuesta para competir en ese mismo segmento. Cuando empresas así se mueven, normalmente es porque ya vieron tracción real: consumidores repitiendo compra, distribución expandiéndose y espacio para que la categoría crezca. Para México, esto funciona como una señal clara de que el concepto no es “demasiado raro” para escalar; lo raro es que todavía no exista una versión local bien ejecutada y pensada para el gusto mexicano.
Cómo se gana en México: fibra como diferenciador, sabor como requisito, canal como destino
La forma más aterrizada de “funcional” sin cruzar líneas peligrosas es la fibra prebiótica. En México hay base para ese ángulo porque el consumo de fibra en adultos se ha estimado alrededor de ~16–18 g/día, por debajo de lo recomendado. Los prebióticos, dicho simple, son componentes tipo fibra que el cuerpo no digiere por completo y que pueden apoyar a la microbiota; esto permite contar una historia prudente del tipo “refresco con fibra” sin vender promesas médicas.
Pero el diferenciador no sirve si el producto falla en lo básico: en México el refresco se elige por sabor, cuerpo y familiaridad. Así que la ejecución tiene que partir de ahí: sabores locales que se sientan cotidianos (no “bebida de dieta”), y una fórmula que logre menos azúcar sin sacrificar experiencia. Además, la comunicación y etiqueta deben ser quirúrgicas; por ejemplo, si se usan edulcorantes, existen leyendas específicas que pueden aparecer y cambiar cómo lo percibe el consumidor.
Finalmente, el negocio se vuelve grande cuando se vuelve accesible. En bebidas, el canal manda. Redes de conveniencia con escala como OXXO reportan más de 24 mil tiendas, y ese tipo de distribución es la frontera entre una marca “de nicho” y una marca de consumo masivo. El camino típico es empezar donde puedes controlar el mensaje y aprender rápido (e-commerce, cafeterías, tiendas saludables), y luego brincar a conveniencia y súper cuando ya tienes fórmula ganadora, empaque fuerte y repetición de compra.
|